Warband Independencia de Chile




Se puede aprender historia de muchas maneras. La más clásica es leyendo mucho, pero, para los que no les gusta leer, siempre habrá opciones.

Una de ellas es meterse en la historia, literalmente. A través de la tecnología podemos ser parte de las tropas y estar in situ en el lugar de los hechos. ¿Cómo? pues a través de los juegos de realidad virtual.

Bajo esta premisa nace Warband Independencia de Chile, que es una adaptación del juego original medieval Mount&Blade Warband. El juego permite a sus jugadores crear modificaciones para distintos escenarios y épocas y Mauromagno Patriota, chileno de corazón y nacimiento, decidió jugársela por la Independencia de Chile. Y no le ha ido nada mal. Desde el año 2011 se ha dedicado este mod y ha sabido darle el toque exacto de nuestra cultura y nuestros hechos. Conectados desde todas partes del mundo, para la actualización más reciente hecha en Agosto 2017, ya han descargado más de 7.000 personas. En desarrollo se encuentran las traducciones para el inglés, portugués, turco y ya cuenta con la traducción al chino.



Constantemente aplicando mejoras ya sea en los vestuarios, escenografía grandes como pueblos y edificiones, la interacción de los personajes e incluso con los NPC (personajes que pueden interactuar con el jugador pero no están vinculados a la acción, ej. cantinero) como por ejemplo, aquello de preguntarle a determinados personajes en las tabernas por música folclórica y por 10 monedas, puedes elegir dentro del repertorio alguna música chilena, argentina, española o mapuche. Esta versión promete ser muy entretenida.

Pero vamos al juego mismo:

Básicamente, los grupos se dividen en 5 facciones, dos españolas o realistas y 3 rebeldes como son el Ejército de los Andes, las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Ejército de Chile. También hay una facción neutral que serían los mapuche representados por su Wallmapu. Cada uno con su lugar de origen y con libertad para moverse dentro de los mapas. No es un juego que tenga un listado de metas a conseguir, como en el caso del WOW, o sólo se armen para batallas determinadas como LOL, sino que está al medio de ambas.



Pero también existe un modo multiplayer, donde se juega en línea con otros jugadores y se crean eventos para recrear las batallas épicas del período. Son eventos planificados que pueden durar un solo día o repertirse con cierta periodicidad, por ejemplo, una vez a la semana durante dos o tres meses. Se generan varios mapas para las batallas y hay misiones vinculadas a ellos como puede ser asedio, capturar la bandera, combate mortal. La gracia reside en que las personas que juegan, tienen la posibilidad de revivir momentos de la historia como si volvieran al pasado.



Al mismo tiempo, pude un jugador puede entrar en modo single y elegir su personaje que puede ser mercenario, comerciante, cazador de recompensas, bandido, etc. y ofrecer sus servicios a alguna de las facciones o ser parte de alguna de ellas prestando el debido juramento de lealtad. En este caso, se le entrega una propiedad para su sustento y un mínimo de dinero que debe ser utilizado en  armas y pertrechos de guerra. Para ser aceptado por algún comandante debe tener buena reputación como  guerrero, lo que quiere decir que debe tener experiencia ganada en batalla, luchas contra el enemigo y favores concedisos a ciertos generales. En la medida que pasa el tiempo en el juego, se van ganando puntos que se deben asignar al mejoramiento de sus cualidades. Y así, una cosas más otra, va mejorando su tropa y su capacidad de liderazgo.

También existe la opción de entrar al juego a batallas rápidas o escaramuzas, que no son otra cosa que entrar directo a un asedio o batalla en particular sin tener que andar vagando ofreciendo los servicios por el mapa. Y es en esta modalidad que el jugador puede elegir ser uno de los personajes históricos como Manuel Rodríguez o José de San Martín y defender o atacar de acuerdo a lo que prefiera el jugador. Al seleccionar el personaje, se despliega una reseña histórica del mismo siendo esta la oportunidad para contar la historia.



Se recomienda jugar desde los 12 años para entender las sutilezas del juego. Cada personaje se caracteriza de acuerdo a las habilidades que se quieran desarrollar y se cumplen funciones básicas de organización en los distintos equipos. Por ejemplo, liderazgo, que es la cantidad de gente que puedes tener en tus filas y que son reclutados en las tabernas y pueblos por donde pasan. A cada uno se le debe entregar un salario y mantener bien o la tropa se puede rebelar o desertar.



Para jugarlo, hay que tener instalado el Mount&Blade Warband que es el juego original y luego descargar la modificación en alguno de los foros especializados o bien, tener una cuenta en Steam, que es una plataforma de juegos y que permite su descarga. El mod es gratuito pero M&B es pagado.

Es una entretenida opción para tomarle el gusto por la historia y una forma diferente de aprenderla. Y cómo dice el mismo MauroPatriota, es una oportunidad para querer más al propio país, para incentivar a niños y jóvenes a que estén más cerca la historia, a interiorizarse por los hechos de esa época. A sentir respeto por nuestros próceres, a valores lo que hicieron por la patria y apreciar nuestras raíces y costumbres. Como nación, como pueblo, no nacimos del aire y es ahí, en esos momentos en que empezamos a generar nuestra propia identidad. La idea es que este juego llegue a mucha más gente, para que de una forma activa y seria, se acerquen y se identifiquen con su país.


Los invito a revisar el siguiente link donde pueden ver, comentar, revisar imágenes y reseñas del juego. Y si les interesa, también descargarlo (hacer click en la imagen):



Para conocer como del juego y ver imágenes:


En Facebook existen tres formas de acercarse al juego:

Fanpage:


El grupo del juego, donde podrás tener contacto con otro jugadores y estar al día de los eventos:


Y el contacto directo con el creador y adminstrador de mod


Por último, los invito a ver videos de batallas disponibles en el canal de Youtube:



Espero les guste y quedan cordialmente invitados a ser parte de esta hermosa comunidad. En una de esas, nos vemos por ahí 😉




Agradecimientos a Mauromagno Patriota

Paula Jaraquemada Alquízar, una mujer de su patria

Doña Paula Jaraquemada Alquízar

Nació en Santiago de Chile el 18 de junio de 1768. Fueron sus padres don Domingo de Jaraquemada y la señora Cecilia de Alquízar. Su niñez y adolescencia transcurrieron en la más absoluta tranquilidad; igual que toda niña de la aristocracia recibió una educación integral, sólida en aspectos morales y práctica en aspectos domésticos. Dotada de muchas virtudes, distinguiéndose especialmente por su enérgico carácter y destacado valor; el que demostró en la guerra por la Independencia de Chile. 

Descendiente del Gobernador de Chile don Juan de la Jaraquemada, que había llegado a Chile en 1611 para hacerse cargo del país y ponerse al mando de las tropas fronterizas en la Guerra de Arauco.  Dicho gobernador vino a Chile con su sobrino don Diego Jaraquemada Solórzano quien fuera el primero de la familia en echar raíces en Chile.

Don Juan de la Jaraquemada, Gobernador de Chile

La familia Jaraquemada participaba activamente tanto en la defensa del reino como en la administración y así como vemos en sus antecedentes a distintos capitanes de caballería, corregidores de Santiago, beneméritos del reino y dueños de extensas encomiendas. Una de ellas correspondería una hacienda en Paine, donde vivía doña Paula.

Cuenta la leyenda que toda la familia era ferviente patriota y disponían de capital, hombres y voluntad para disponer en favor de la causa. Luego de la escapada de Rancagua el 1 y 2 de octubre, 120 soldados pasaron malheridos y hambrientos por Paine y fueron auxiliados por doña Paula, quien les dió cobijo y su residencia fue utilizada como hospital para atender a los heridos que luego partieron hacia Argentina. Este sería el origen del vino 120 de Santa Rita, que es nombrado así en honor a esos 120 soldados. Acá les dejo un emocionante video al respecto.




Pasan los años y otra vez aparece nuestra protagonista ayudando a la causa de la libertad después de un desastre.

Tras el triunfo en Chacabuco, las fuerzas realistas huyeron hacia el sur y se atrincheraron en Talca a la espera de los refuerzos que el Virrey Pezuela les enviaría a través del Cabo de Hornos. Por su parte, los patriotas, conscientes que una victoria no hace la guerra, marchan en pos de los vencidos con claras intensiones de acabar de una vez. Con esta resolución, el 18 de marzo, al anochecer, San Martín ordenó que acamparan en dos líneas paralelas frente a la ciudad. La noche era oscura y propicia para un ataque por sorpresa. San Martín atento a estas condiciones, decidió cambiar de posición pero justo en este momento, fueron atacados por las fuerzas de José Ordoñez. El caos fue total. San Martín logró ordenar sus tropas para responder el fuego pero sufrió las bajas de 120 hombres, 300 heridos y más de 2.000 dispersos, junto con la pérdida de 21 valiosos cañones. Las Heras y Encalada, lograron mantener íntegras sus divisiones. O’Higgins fue herido. Un golpe anímico terrible para los patriotas que fueron atacados por poco más de 4.000 hombres cuando ellos superaban los 8.000.

Las noticias que llegaron a Santiago fueron terribles. Daban por muerto a San Martín y a O´Higgins y muchos sintieron que era la vuelta del período de Reconquista pero más fuerte y tiránico todavía; familias enteras comenzaron a huir hacia Argentina. Es ahí cuando surge Manuel Rodríguez y logra tranquilizar y dar confianza a la población.

Plano de la Batalla de Cancha Rayada 1818

Mientras esto pasaba, las tropas se reagrupaban camino a la capital. Al pasar por Paine, doña Paula, enterada de las desgracias ocurridas en el sur, prepara a sus inquilinos y sale al encuentro de San Martín que debía pasar obligatoriamente por sus tierras camino a Santiago.  Se entrevista con él y le ofrece su casa como cuartel general, sus hombres para seguir luchando y todos los víveres y aprestos que pudiera necesitar y estuviera en su  mano darlos. Su propio hijo iría al mando de la tropa. San Martín acepta la generosa oferta y desde este cuartel improvisado, reacondiciona a sus hombres y comienza a planear la ofensiva, son los primeros instrucciones que darían la victoria en Maipú.

Días después marcharon todos hacia Santiago llevandose lo ofrecido por doña Paula. La mujer quedó sola, unos pocos peones para lo básico y la visita de un ahijado pequeño. Manuel Montt, de 9 años, se encontraba con su padre durante esos días haciendo una visita.

Vista de la Viña Santa Rita antigua casona propiedad de doña Paula

Durante la tarde, llegan a su puerta soldados realistas. Una avanzada que estaba al tanto del paso de los patriotas por ese sector y buscaba a los desbandados de Cancha Rayada además de víveres y pertrechos.

Al llegar el oficial a cargo de la partida militar realista, le ordenó que le entregase las llaves de la bodega, a lo que ella le replicó si necesitaba víveres y se los ofreció en abundancia; el oficial insistió por las llaves, a lo que doña Paula le contestó: “las llaves no se las entregaré jamás. Nadie sino yo mando en mi casa”. 

El oficial dispuso el fusilamiento en el acto de esta mujer que no permitió la violación de su domicilio. Doña Paula desafió los fusiles y avanzó hacia ellos instándoles a que abrieran fuego sobre ella. En vista de esta actitud arrogante, el oficial se desconcertó y buscando venganza sin que se manchara su hoja de servicio, miró la casona y gritó sin apelaciones: "¡quemen la casa!". Pero la mujer no se arredró, sino que con la punta del pie, lanzó el brasero con carbones encendidos a las suelas de los soldados mientras decía con desdén ahí tienen fuego”. Se hizo un profundo silencio para luego dar paso a las maldiciones del oficial que no reparó en amenazas al tiempo que volvía grupas sobre su caballo. La valiente mujer tenía 50 años.

Finalizada la guerra, realizó una activa labor en beneficio de los desamparados, entregando especial atención a los presos en las cárceles. A dichos recintos ella tenía acceso especial. Se cuenta que en una oportunidad llegó a salvar del cadalso a una mujer conocida como “la Caroca”, condenada a la pena de muerte por sus crímenes. Y en los últimos años de su vida, se dedicó a obras de caridad, fundando orfanatos y asilos. Muere en 1851 con más de 80 años.


Retrato a lápiz de doña Javiera

Fueron nuestros hombres quienes pelearon con fusil y espada, pero nuestras mujeres, valientes e íntegras como doña Paula, quienes los sostuvieron y alentaron a continuar la lucha hasta el final. La patria le debe su libertad tanto a unos como a estas últimas.




Fuentes:
- Mujeres célebres de Chile. María Eugenia Martínez
- Mujeres de Chile. Carlos Valenzuela Solis de Ovando
- Historia General de Chile. Diego Barros Arana
- Las Mujeres de la Independencia. Vicente Grez
- Viña Santa Rita

Mención Honrosa Concurso Rancagua Simplemente: Sin Palabras

No puedo hablar. Sentada frente al ventanal, veo como se desgastan los días de mi mudez todos iguales, salvo por el sol que a veces está enfrente y otras está escondido tras las nubes. Las casas unidas en los costados parecen un hormiguero gigante que descansa en medio del desierto. Mis hijos y mis nietos son de esas tantas hormigas que entran y salen. Yo los miro en silencio porque en silencio vivo y aunque me dicen que les hable, que lo intento esa es la verdad, sigo sin poder hacerlo.




Tal vez se me gastaron las palabras entre las miles que dije a lo largo de noventa años. O tal vez, ya las olvidé, desde que pensaron que era sólo un mueble que poner frente a la ventana y dejaron de hablarme con cordura. No sé. El hecho es que se me cierra la garganta y no sale ningún sonido.

Miro mi reflejo en el vidrio y a veces soy joven y bella. Una sombra se sienta a mi lado y toma mi mano. La misma mano que tomé durante 53 años y que ya no está. Pero igual sonrío al recuerdo y me veo bailando al son de la orquesta en el Casino Braden cuando íbamos con los amigos. O descansando bajo los árboles de la plaza con la Banda del Regimiento tocando en la glorieta. Qué hermosura de plaza teníamos, no una llena de cemento como es ahora. Recuerdo sus piletas que salpicaban de agua a quienes pasaban cerca y sus árboles gigantes que se veían a la distancia. Bajo uno de esas largas sombras le di el sí a mi novio de entonces. Si, fui feliz.




La vida nos estacionó en una población nueva, Rancagua Sur le pusieron y crecimos con sus árboles y sus edificios. Los niños se hicieron hombres y se fueron; luego llegaron los nietos y los ruidos. Aprendí a estar sin mi viejo, a dejar de contar dolores  y a no esperar más que la muerte. Esa también puede ser una razón para no hablar. La espera se hace larga y a veces cansa, pero qué se le va a hacer.

Hace un rato, trajeron a mi última bisnieta. Es hermosa, tiene unos ojos redondos como dos botones negros que me miraron el alma. Tomé su mano y supe en ese instante que haríamos el cambio de turno ella y yo. Me sonrió. Y fue tanta mi alegría que las cuerdas vocales se movieron y con voz arrugada de no usarla le di mi bendición. La bebé me miró con esa fijeza con que sólo los bebés miran, como si entendiera todo y cerró sus ojitos de uva madura. Yo también cerré los míos y descansé.




Escucho unos pasos suavecitos, la mano que se posa sobre mi hombro la conozco de memoria. Ya no tengo arrugas, ni dolores ni pesares. Siento en los huesos la alegría de la vida.

—Negrita linda, ¿quieres venir conmigo?

—Por su puesto, si te he esperado tanto— le dije levantándome de un salto.


Sentir su beso nuevamente fue un sueño. Y me dejé llevar.

Segundo Lugar Concurso Rancagua Simplemente: Angustia

El vestido era tan delgado que se le pegaba en las piernas, pero en su apuro, ella no lo sentía. Cada paso era una eternidad y el frío le quemaba las plantas descalzas tiñendo de oscuro la suave piel. En el patio del cité, su madre desmayada apenas volvía en sí. La noticia del accidente las había dejado en silencio y ese silencio, pesado como una losa de cementerio, se le plantó en el alma impulsándola a salir, llena su mente sólo con dos sílabas que resumían toda su voz: papá.



Antes de ver el tumulto escuchó los lamentos, los gritos que rompían la paz de la mañana invernal. Junio se incrustaba en los huesos pero no le importaba. El aliento salía de su boca en volutas intermitentes al compás del dolor en el costado. Tiró de la chaqueta de una señora pero recibió un manotazo ingrato. Quiso pasar entre las personas pero un guardia indolente la mandó a casa.

Los frenos del tren sobre los rieles apagaron el resto de los sonidos y la masa de gente se movió hacia la Puerta 4 como el monstruo de angustia que era, un cuerpo dolorido de pena y tristeza por tantos hombres muertos, tantos hijos, maridos y padres tragados por el humo en medio de la montaña más arriba de la nada. Y la niña fue engullida.




Cientos de cuerpos estaban dispuestos en macabro orden sobre los vagones. Una ráfaga de viento le erizó la piel y quiso retroceder. Su padre no podía estar ahí, no podía. Apenas tres días atrás habían ido a dejarlo a esa misma estación para que subiera a la mina a trabajar su turno. Él había dicho que traería dinero para comprarle unos bonitos zapatos. Su madre lo despidió con un beso y le dio la sorpresa que ya antes había compartido con ella: pronto tendría un hermanito. El pito del tren obligó a su padre a subirse radiante, pleno de energía, dispuesto a echar la montaña abajo para mantener a su familia. El mismo tren que traía los cuerpos negros y flácidos, tan iguales en la muerte que era imposible distinguir rasgo alguno. Puso sus manitos en la cara queriendo detener tanta pena, pero era demasiado fuerte y como una corriente descontrolada, el dolor la sacudió.

Tenía siete años, pero se levantó sintiendo que tenía cien. Pasó más allá de la gente, más allá de los guardias y de los muertos negros. Estaba más allá de todo.



Sus ojos empañados miraban sin ver y torció el camino en una esquina cualquiera. Sólo era otro vagón igual a los demás, lleno de piernas y manos negras, cuerpos sin nombre, cuerpos sin afectos. Suspiró.

Una mano sobre su hombro la hizo girar y unos brazos la estrecharon fuertemente. No tuvo tiempo para ver o entender. El olor a humo llenaba su nariz, la chaqueta le raspaba la carita y la voz de su padre le acunaba el oído.

—Estoy aquí— dijo él. Pero la niña no escuchaba más que el latido de su corazón.


Y al reconocer ese otro latido que se acoplaba al suyo, al identificar esos ojos que la miraban hambrientos, la niña supo que el dolor se acaba, las roturas se pegan y el mundo volvió a encajar. Entonces, en un aliento eterno, se le quebró la voz y lloró.





Fotografias reales

Mención Honrosa Concurso "Mi vida, mi trabajo": La Entrevista


Gloria se levantó esa mañana decidida, contenta. Abrió las cortinas del ventanal del departamento para darle paso a la brumosa mañana santiaguina. De fondo, la cordillera imponente, el cordón vertebral de América, le saludó con sus colores.


Se visitó con dedicación. Iba a una entrevista importante para conseguir aquel puesto que hace años estaba postulando. Ganarse los puestos para las cátedras universitarias en este país era difícil. Y aunque ella se sabía, y varios también, sobrecalificada para las clases que estaba dando, por más que año tras año postulara, no pasaba de las primeras etapas del proceso. Pero esta vez había sido diferente. La habían citado con el rector para una entrevista personal.

Se maquilló con cuidado, se vistió pensando en una situación formal pero sin perder su juventud ni sus colores. Como buena colombiana, no podía evitar los esmaltes de uñas adolescentes ni las pulseras que sonaran, pero era parte de ella y su  identidad.

Pasó por fuera de la bodeguita del mal. Así llamaba a una verdulería pequeña que había cerca de su departamento. Estaba bellamente decorada y una tarde que necesitaba limones pasó a comprar. Cuando entró, una voz detrás del mesón dijo fuerte y claro: “aquí no se atienden negros”. Ella miró para todos lados. ¿Lo decía por ella? Ella no era negra, era morena. Un negro era alguien de rasgos africanos, piel mucho más oscura y pelo casi pegado al cráneo de tan crespo. Personas absolutamente respetables por lo demás. En cambio, ella tenía el calor del sol en la piel y una música en las caderas que era imposible que alguna chilena supiera lo que se sentía al caminar. “Ya te dije negra, ándate de mi negocio, vuélvete a tu país”. Fue un golpe en pleno estómago. Incapaz de contestar algo, solo pudo salir de ahí hasta el refugio de su cama. Ni los diplomas, ni los viajes la habían preparado para un ataque tan frontal. Pasó el resto del día protegida por las colchas como coraza sintiéndose un insecto, minúscula y sola. Al día siguiente se levantó y a propósito, pasaba camino a la universidad para demostrarle a él y a ella misma, que no necesitaba de ese lugar, que no se iba y que se abriría futuro en esta tierra fría y temblona.


Así que ese día hizo su camino habitual y la mañana se le hizo hermosa; se le expandió en el pecho llenándola de buenos augurios, esta vez lo conseguiría. Un edificio inmenso, de gris señorial y con los recovecos coloniales que le daban aspecto de sabiduría, la engulló con su destino.

-Tiene usted un curriculum impresionante- dijo el hombre al otro lado del escritorio.

Ya habían pasado las presentaciones, frases de cortesía y explicaciones sobre la universidad. Estaban entrando en terreno derecho.

Los ojos de él, redondos y con unas pequeñas bolsas, la miraban directamente y eso a ella le gustaba. Era un poco bajo o tal vez, el sobrepeso evidente creaba la ilusión de menor estatura. Vestido de chaqueta pero sin corbata, no era tan formal como se veía en la fotografía y seguramente, eso ayudaba a que la conversación fuera más amena.

Gloria se sentía cómoda hablando de sus proyectos, de lo que podía aportar a la universidad con sus conocimientos y capacidades. Y sentía la buena recepción de su discurso. Se veía a sí misma sin la presión del dinero, poniendo fin a meses de miseria, de pagos en cuotas mínimas, de la caridad de los amigos.

-Oh – dijo el hombre mirando el reloj, de pronto – se me pasó volando la hora y no hemos terminado. ¿Te parece si me acompañas a un café para decidir qué hacer contigo?

-Por su puesto – dijo ella. No se podía negar, todo estaba saliendo tan bien, la respuesta sería mejor, de eso estaba segura; lo sentía.

El café quedaba fuera de la universidad. Era bonito, pequeño pero confortable, se parecía a uno que ella frecuentaba en el Barrio Lastarria, aunque todos los cafés se parecen un poco.


El quiso saber más de su vida, su familia y cuánto tiempo llevaba en Chile. Ella, en la comodidad de la conversación, se fue relajando y le contó que estaba sola, que no tenía pareja por el momento y que hacía años que había dejado su país para irse a conocer el mundo y ampliar sus conocimientos.

-¿Te das cuenta que el mundo universitario es mayormente un mundo de hombres?- preguntó él.

-Claro que me doy cuenta, pero no creo que el hecho de ser mujer sea perjudicial para mi carrera; tengo las mismas o mejores capacidades que muchos – respondió. Algo en el tono se le hizo sospechoso.

-Obviamente, nadie duda de eso. Pero –la miró directo a los ojos – la mitad de tus colegas pensarán que eres tonta y la otra mitad, sino más, querrán acostarse contigo y esperarán que lo hagas para conseguir tus metas.

El café se le cuajó en el estómago como cemento recién hecho impidiéndole decir una palabra.

-De todas formas, si algo así pasa, no dudes en acudir a mí – dijo el hombre. Su mano como zarpa estaba acariciando sus dedos – yo te protegeré. Si quieres el puesto, claro.

La propuesta estaba hecha. Si quería el trabajo, tenía que pasar por su cama. Durante un segundo se vio despeinada, sacudida y desnuda moviéndose a un ritmo impuesto por ese cuerpo sudoroso y gordo, el resoplido asqueroso de esa babosa pegado en su cuello. El estómago le dio tres vueltas preparándose para subir, la boca se le llenó de saliva amarga.

Sacó lentamente su mano de debajo de la garra y se limpió con la servilleta. Intentaba juntar las palabras revueltas que chocaban en su cabeza, tenía que darle orden lógico para que pudieran entenderse a la primera. Recordó la bodeguita del mal. No permitiría que le pasara de nuevo. Esta vez se defendería.

-Mire "señor" – la frase calló como ladrillo sobre la mesa – aquí donde usted me ve, soy morena, colombiana y sin muchos amigos en este país- se levantó para hablarle desde la altura, las pulseras sonaban al compás de sus movimientos- Pero no necesito de nadie que me proteja, menos alguien como usted, asqueroso.

Se dio media vuelta para salir; de pronto recordó a la diva que llevaba dentro.

-Seré pobre, necesito el trabajo, pero soy digna.

Y en esa dignidad se envolvió como un escudo saliendo del café sin dejar que ni una lágrima cayera hasta que llegó a su casa, se enrolló en el caparazón de mantas y lloró la desilusión, el dolor de la patria lejos y la soledad que se la tragaba.


Dinero, asesinato y el Gobernador de Chile. El caso de la fragata Scorpion

Durante todo período colonial, las colonias americanas sólo podían comerciar con España y esto se hacía a través de dos puertos: Veracruz (México) y Portobelo (Panamá). El encarecimiento de los productos era exhorbitante generando, en el caso de Chile, desabastecimiento de artículos de lujo y problemas de desarrollo. Cuando, como una medida de apertura, España decidió declarar libertad de comercio, nuestro país, se vio directamente beneficiado. Entiendase por libertad de comercio no la posibilidad de entrablar negocios con otros países, sino que todos los puertos de las colonias (Coquimbo, Valparaíso, Valdivia, etc) podían tener tratos directos con España.

Galeones españoles en travesía comercial

Al mismo tiempo, cuando España entregó el permiso de asientos de negros a Inglaterra y Francia, tuvimos la posibilidad de entrar en contacto con el otro mundo. Ingleses y franceses podían llegar a las costas americanas durante 30 días a comerciar solamente esclavos negros, pero, a vista y paciencia de las autoridades americanas (incluso fomentados por ellos) traían de contrabando miles de productos logrando ganancias de hasta un 200% sobre el precio al que vendía la madre patria. Este permiso duró hasta 1750 cuando Gran Bretaña renuncia a él, pero los contactos, conocimientos de la costa y modus operandi del contrabando ya quedaron establecidos.

La obligación de las autoridades americanas era la de evitar el contrabando porque mermaba las ganancias del rey y la orden que tenían era de capturar cualquier barco extranjero bajo sospecha de contrabando decomisando sus mercancías para entregarlas al tesoro real. La cosa cambiaba cuando estaban en guerra ya que, se podía pedir una patente de corso y capturar naves extranjeras, por ejemplo, inglesas, y toda la mercadería, barco y demases, eran considerados botín que era repartido entre quienes capturaban la nave.

Chile, frecuentemente tenía avistamiento de naves extranjeras pero, era tal la necesidad de artículos que el contrabando era la mejor opción para adquirirlos. Regularmente llegaban naves a sus costas a comerciar, de forma clandestina, telas, espejos, alcoholes, perfumes, sedas, adornos, cuchillos, etc.

A principio de 1800, la fragata Scorpion navegaba sin problemas por los mares de Chile. Esta nave estaba bajo el mando del capitán Tristán Bunker, un americano que trabajaba para la compañia inglesa especialista en la venta de aceite de ballena, por lo que el barco tenía patente de ballenero y permiso para viajar por el sur. En cada uno de sus viajes, traía telas que eran vendidas a buen precio en Chile y era tan lucrativo el negocio, que finalmente se decidió por modificar el barco y dedicarse de lleno al contrabando.

Fragata ballenera Esexx, similar a la fragata Scorpion

Durante su segundo viaje, en marzo de 1807, contacta con Henry Faulkner Price, médico americano avecindado en Quillota quien se presenta como representante de un grupo de comerciantes interesados en comprar telas inglesas y se arma el negocio. Serán 80 mil libras de géneros pagados en monedas de plata y lingotes de cobre, entregados en Topocalma en Julio del año siguiente. Bunker vuelve a Inglaterra y prepara el cargamento.

Hasta ahí, todo bien. Pero una vez vuelve a las costas de Chile, se instala en Topocalma, en un lugar conocido como el Chivato, no ve por ninguna parte a Faulkner. Decide bajar con unos cuantos hombres y en el camino se encuentra con el dueño de la hacienda, don José Fuenzalida Villela a quien le ofrecen las mercancías, en vista de que el primer comprador no estaba. Este hacendado, que dice conocer a Faulkner, les dice que le avisará al americano y que solo deben esperar. Para ello les ofrece comida y habitación mientras se hacían las diligencias.

José Fuenzalida, ni tonto ni perezoso, le avisa efectivamente a Faulkner que su cargamento había llegado, pero, también le avisa al Subdelegado del distrito Real de Colchagua sobre la presencia de una nave sospechosa. Y mientras hospedaba a la tripulación del Scorpion llegaron Henry Faulkner y Francisco de la Carrera hasta su hacienda y conversaron en privado.

Acordaron que el cargamento era de buena calidad y que no tenían por qué pagar por ello. Tenderían una trampa a los ingleses para quedarse con la carga y con el dinero que debían pagar por ella. Dicho esto, acordaron un nuevo lugar de desembarco y con fecha posterior: el 25 de septiembre de 1808 en otro sector de la bahía, se reunirían con él cuando tuvieran listos los compradores. Si al llegar esa fecha, veían humo en la costa y y una bandera blanca con tres puntas, era negocio hecho y seguro desembarcar.

Gobernador de Chile don Francisco García Carrasco

Los confabulados no tenían armas suficientes ni hombres para reducir a toda la tripulación por lo que decidieron incluir a uno más que ya tenía maña en este tipo de empresas, nada menos que al Gobernador del Reino de Chile de esos años, don Francisco García Carrasco. Este personaje junto con su asesor de letras, don Juan Martínez de Rozas (el mismo que más tarde se yergue como uno de los precursores de la independencia), deciden intervenir en el negocio y obtener ganancias de ello, nada menos que el 85% de las utilidades a cambio de enviar una tropa de Dragones disfrazados y armados para contener a la tripulación, desviar la investigación posterior y declarar la nave como botín de guerra y no como contrabando, pese al armisticio entre Inglaterra y España en ese momento.

Mientras, Faulkner viaja a Coquimbo en espera de la fecha concertada. Durante ese viaje se contacta con él, George Edwards, un joven cirujano londinense que se embarcó en el Scorpion un año antes pero se había quedado en La Serena, donde contrajo matrimonio con una acomodada señorita, iniciando una larga dinastía que se mantiene en Chile hasta el día de hoy como una de las familias más ricas de nuestro país. Pero esa es otra historia. 

Edwards, por amistad, le avisa que hay una confabulación en su contra a través de unas cartas (dos en inglés, una en español) pero el capitán hace caso omiso de ellas y parte a Topocalma nuevamente.

Sus vigías ven la señal convenida y se encuentran con Faulkner, un representante de De la Carrera y el mayordomo del Marqués de Larraín, quienes le indican que ya tienen los compradores pero que, por seguridad, la entrega debe hacerse el 14 de octubre en Quilimarí. Habían dejado a Fuenzalida fuera del negocio. Bunker les muestra la advertencia que había recibido pero es desestimada por la confianza que han logrado.

Llegada la fecha todo se resuelve con normalidad. La mercancía es entregada y el cargamento de cofrés de monedas de plata y cobre es subido al barco. El mismísimo Marqués de Larraín se presentó a cerrar el negocio pero se sientió mareado en el barco por lo que pidió que lo dejaran en tierra.

El presidente Carrasco había decretado que se retirasen de la costa de Quilimarí todos los guardacostas, había preparado el envío de los cofres de dinero (que era dinero fiscal) en convoyes escoltados por los 80 dragones disfrazados que estaban agazapados en espera de la orden de entrar en acción. Que nadie dijera que no cumplía sus compromisos. El Marqués de Larraín era un amigo suyo, Pedro Arrué, que estuvo de acuerdo en participar a cambio del cuantioso botín que tendrían.

Vista actual de la playa de Quilimarí, IV región

Habían levantado una ramada en la costa donde estaba el Marqués descansando de su indisposición mientras comían el capitán y algunos hombres. Mientras se trasladaban los cofres empezaron los gritos. Los dragones habían empezado el ataque y se redujo a la tripulación a punta de bala y cuchillo.

El capitán, intrigado, se levantó de su asiento pero inmediatamente recibió una puñalada en la espalda. Pese a estar herido, alcanzó a llegar a la orilla y tomar un bote, pero fue nuevamente herido y caído, desnudado y amarrado de una pierna para terminar arrastrado hacia un hoyo. Aún tenía señales de vida.

Fueron asesinados ocho marino (entre ellos un niño) y el capitán. Numerosos heridos en la costa. Los confabulados, guardaron la carga y el pago ficticio fue devuelto a Santiago por los dragones.

Asalto al barco

Fueron enviados los prisioneros a Valparaíso, pero, el Administrador de Aduana, don Manuel Manso, decidió confiscar el botín a causa de la no existencia de guerra entre Inglaterra y España lo que impedía el reparto. Informado de esto García Carrasco, decretó que esa era desición del Gobernador y declaró que era botín de guerra y debía ser repartido.

El caso generó muchas represalias. Múltiples querellas e investigaciones. Cuando los perpetradores llegaron a Santiago, eran perseguidos e insultados en las calles por ladrones y asesinos.  El Marqués de Larraín inició un pleito (que llegó incluso a Inglaterra) para demostrar que había sido suplantado por un amigo del gobernador.  

García Carrasco mandó a apresar y levantó juicio por traición a George Edwards por las cartas de advertencia que le hizo llegar al capitán Bunker. Al principio, Edwards negaría las acusaciones pero al ver el fevor popular a favor de los tripulantes, se declaró culpable. García Carrasco, para aplacar a la opinión pública, decretó arresto para Edwards por espía inglés pero con pena remitida, quedando éste en libertad.

El resto de los implicados, Francisco de la Carrera y Henry Faulkner, recibieron su parte del botín. De hecho, Faulkner terminó siendo Gobernador de Quillota en 1823 y en 1844 compró el fundo Santa Teresa y De la Carrera, recibió toda la protección que su apellido pudo darle.

Juan Martínez de Rozas, también tuvo su parte del botín, que envió a Lima para resguardo y evitar la confiscación, pero debió renunciar a su cargo y devolverse a Concepción en espera de que las personas olvidaran el episodio, cosa que sucedió y luego volvió a Santiago como representante de esa provincia participante activamente en los primeros procesos de la Independencia.

Inglaterra inició pleito con España por el apresamiento de la nave y el asesinato de sus ciudadanos y España, a su vez, entre otras cosas, removió de su cargo a García Carrasco, quien terminó en Lima sin un peso. Pese a todo, España hubo de indemnizar a Inglaterra por este atropello.

El episodio se cuenta como uno de los antecedentes de la independencia de Chile al aumentar el despretigio de las autoridades españoles mostrándolos como personas sin principios y dispuestos a cualquier cosa para mantenerse en el poder y abusar de él.






Fuentes:

- Historia General de Chile, Tomo VIII. Diego Barros Arana
- Crónica de 1810. Fuentes documentales para estudio de la Historia de Chile
- El escándalo Scorpion. Aurora de Chile

Mercedes Fontecilla, la mujer del General


“Mi esposa es mi más fiel y sigiloso confidente en todos mis pasos. Valen más nuestras mujeres que nuestros hombres para la revolución”


Carta de José Miguel Carrera al General Carlos Alvear.


Mercedes Fontecilla

María Mercedes Josefa Fontecilla Fernández de Valdivieso, nace en Santiago el 18 de Junio de 1799. Hija del Coronel de Milicias don Diego Fontecilla Palacios y doña Rosa de Valdivieso Portusagasti; ésta última muy amiga de Javiera Carrera, llegó incluso a acompañarla en el parto de uno de sus hijos.

Para el Gran Baile de 1812, Mercedes apenas tenía 13 años, pero asistió acompañada de su madre y pudo conocer a quien sería su marido, el entonces Presidente de la Junta de Gobierno, don José Miguel Carrera.

Joven de gran belleza, tenía la piel blanca y cuidada propia de su clase. Cabellos y ojos negros que destacaban por su inocencia. Era grácil y delicada, de labios llenos y al sonreír, se formaban hoyuelos en sus mejillas que le daban un aire de coquetería.

Baile de 1812


Dos años más tarde, el 29 de Agosto de 1814, se casan en la Catedral de Santiago, en medio de la agitada vida política de José Miguel, previo al desembarco de Osorio en Talcahuano y del Desastre de Rancagua.

José Miguel había llegado recién en Julio a Santiago luego de su fuga cuando fue tomado prisionero en Chillán y, dando un nuevo (tercer) golpe de estado, se yergue como Presidente de la Junta de Gobierno. O'Higgins no reconoce su autoridad y entran en conflicto armado en Tres Acequias. Luego se avienen a causa del avance de Osorio y sobreviene el Desastre el 1 y 2 de Octubre de 1814.

La reciente novia, con apenas 15 años, saca valor y decide acompañar a su esposo al otro lado de la cordillera. Comenzaría su vida matrimonial llena de dignidad y lujos para terminar sola en medio de desierto, viuda y sin recursos. Pero es en esta soledad cuando forja su carácter y podemos ver en plenitud su valía. De ser una niña mimada, criada para ir a misa y obedecer, ella rompe con los moldes al decidir partir con su esposo, pese a la falta de recursos, a la pobre opinión que existía de la mujer en aquella época y al ambiente contrario a su marido que la obliga a vivir escondida siempre. José Miguel sufre al dejarla en esas condiciones pero no queda otro remedio para su destino.


"...No sé qué decirte. Soy inútil y más que desgraciado. Dejo a mi Mercedes con dos chiquititas abandonadas..." escribía José Miguel a su hermana Javiera antes de partir a Montevideo.


De ella se esperaba que supiera cantar bien, manejara a los criados para atender su casa, pariera hijos y les enseñara los rezos. Y estaba preparada para eso y mucho más, porque no se quejó de su destino ni echó pie atrás en su desición, incluso, durante los momentos de flaqueza del soldado, era ella quien lo sostenía y reconfortaba.

Huida a Mendoza


A los 17 años debió sobrevivir y mantenerse a ella y a sus hijas con bordados o haciendo pasteles, incluso ahorraba para mandarle dinero a José Miguel mientras él se movía por todas partes huyendo de sus enemigos. Fue con el dinero de las joyas de ella, que se financió el viaje a Estados Unidos.


"se encontró desesperada y en tal grado de miseria, que se vio obligada a

realizar humildes menesteres, en los que jamás soñaba cuando llevaba una vida regalada en su casa solariega de Santiago. Dividía su tiempo entre el cuidado de

sus dos hijitas, labores de aguja, trabajando con mas tesón que una costurera de oficio. Pero esto no bastaba, ciertamente, para asegurar su subsistencia."


¿Qué movía a esta joven mujer? ¿El amor? ¿La crianza?. No creo. Eternamente enamorada de su marido, sacrificó el bienestar de sus hijos para seguirlo cuando no estaba obligada a ello y nadie le habría reprochado nada si hacía lo contrario. Muchas mujeres que, en un principio habían emigrado, con el tiempo, viajaron a Chile nuevamente a estar protejidas por sus propias familias. Su propia cuñada Ana María Cotapos lo hizo, puesto que nada se esperaba de ellas.

Pero Mercedes se mantuvo con una fidelidad a toda prueba. Esa era su convicción, el creer profundamente en las capacidades de su José Miguel. Y esa conexión, esa fe, lo que la mantenía unida al soldado cuando todo se volvía oscuro.



"Gozoso me has hecho, con tantas cosas que mandas, quizás a costa de muchas incomodidades. Yo las disfruto, pero casi con disgusto, porque sé lo que acostumbras hacer en semejantes empeños. Ya te veo casi quemada con el calor del horno, peleando y haciendo otras zonzoneras que yo no querría. Consérvate fresca y descanzada, mi adorada Mercedes, para complacerme mas en un momento que en mil de los que te atareas..."



Ella que lo conocía a fondo, incluso más que él mismo; sabía que si él no concretaba su destino, no habría paz en su alma y por eso lo confortaba en el cansancio pero lo alentaba a seguir. Como dice cierta canción "... siempre a la sombra y llenando un espacio vital"


José Miguel Carrera


No es lo mismo esperar porque la educación así lo impone y el miedo agarrota sin posibilidad de movimiento. Ella esperaba convencida de que era la única forma posible en que su hombre podía vivir, ese destino funesto que algunas almas cargan y que debe ser cumplido o morir en el intento.


"Te aseguro, mi Mercedes, que no sé qué hacerme; jamás estuve tan perplejo ni tan sobresaltado. Por el momento soi infeliz de veras. No sé adonde ni a quien volver mis ojos. Yo veo tu triste situación, i no puedo mejorarla; todo me abandona... apelaremos a una paciencia más que agotada..."


Entonces se armó sola, aguerrida, valiente. Pariendo hijos por las pocas veces que lograban verse y alimentando su amor con horas robadas y cartas escondidas. Pocas mujeres pueden mantenerse fieles en esas condiciones. Y si la oportunidad estaba, ella iba donde él, sin miedo, arriesgando la vida incluso, para sostenerlo, para darle y darse un poco de paz.

Incluso ofició de correos, sirviendo de contacto con personajes clave para la consecución de los planes de su marido. Transmitía palabras, órdenes y pensamientos para reorganizar la tropa o para mantener la moral alta. Escondía fugitivos, tal como lo era su propio esposo y cuidaba de ellos pidiendo que le llevaran noticias de su casa. 

Él la necesita para mantener sus propias aspiraciones, para sentirse fuerte y continuar. Es la fe de ella que lo alimenta.


“Mi adorada Mercedes, se acabó mi paciencia. No pude sufrir más tu ausencia. Ayer, dejé Montevideo y ayer al amanecer ya veíamos estas torres (Buenos Aires). Bajo la protección del pabellón portugués no temo la persecución de los bárbaros... Ven a dar un día de gloria a tu amante y fiel José Miguel”. 


Cuatro hijas nacieron en esas condiciones, de ese amor sobresaltado por la guerra. Y las manos se le ampollaron haciendo pan, cuando debería estar tocando el piano. Pero no se quejó ni una vez. Se mantuvo firme, con resolución y valentía hasta el momento de recibir la noticia del encarcelamiento de José Miguel.

Fusilamiento de Carrera


No alcanzó a verlo. Sólo una última carta, un último pensamiento y el vacío. Un hijo, al fin un varón, pronto a nacer y la viudez a los 22 años.


"Mi adorada pero muy desdichada Mercedes:

Un accidente inesperado y un conjunto de desgraciadas circunstancias me han traído a esta situación triste: ten resignación para escuchar que moriré hoy a las once, sí, mi querida, moririé con el solo pesar de dejarte abandonada con nuestros cinco tiernos hijos, en un país extraño, sin amigos, sin relaciones, sin recursos..."


Por resguardo, José Miguel le pidió a uno de sus amigos, el oficial José María Benavente, que se encargue de ella y sus hijos; pero es su hermano Diego José Benavente, quien se casa con ella y forman una familia. Tienen 4 hijos; más los 5 del matrimonio anterior con José Miguel. Diego Benavente se asocia con otros emigrados en Argentina e instalan una imprenta con la que obtienen los recursos necesarios para vivir. Recién en 1823, durante el gobierno de Freire que la familia vuelve a Chile.


Diego José Benavente


Su numerosa familia tiene un buen pasar cuando su esposo es nombrado Ministro de Hacienda y luego elegido senador durante 9 veces consecutivas, la agitada vida política del país no la deja descansar. Su hijo José Miguel participa de la Sociedad de la Igualdad, organización política liberal en oposición al gobierno conservador del que su propio marido es senador. Previo a la Revolución de 1851, el Senado había declarado estado de sitio a causa de los levantamientos producidos por la Sociedad, afectando a sus seres queridos; uno perseguido y el otro persecutor. "De buena gana les cortaría las manos a todos los que firmaron la declaración de sitio" dijo ella, según lo comenta Vicuña Mackenna,"siendo de notar que uno de ellos era su propio esposo, padrastro de don José Miguel Carrera, don Diego Benavente." Ella está cansada de la guerra.

Muere a los 53 años de edad, el 5 de mayo de 1853, en Santiago. Sus restos descansan en la Basílica de la Merced, donde se erige una placa recordatoria de quien fuera, la Primera Dama de la naciente República de Chile.




Fuentes:
- El Ostracismo de los Carrera. Benjamín Vicuña Mackenna
- Las mujeres de la Independencia. Vicente Grez
- Involucración y desempeño femenino en la Independencia de Chile. Daniela Dupré Huidobro
- Reviste Chilena de Historia y Geografía. N°11
- Primeras Damas de Chile. Gilberto Loch

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